miércoles, 19 de marzo de 2008

¿Qué es el "Bautismo o la efusión del Espíritu Santo"?


El termino “Bautismo” proviene del verbo griego baptizein que significa sumergir, lavar, limpiar.

Juan Bautista bautizaba a todos aquellos que aceptaban su llamado a volver a Dios y para manifestar su arrepentimiento pedían el bautismo de Juan.

Jesucristo enseñó a los apóstoles un bautismo diferente del conocido por los judíos. No era sólo un símbolo, sino una verdadera purificación y un llenarse del Espíritu Santo.

Juan Bautista lo había anunciado: "Yo bautizo con agua, pero pronto va a venir el que es más poderoso que yo, al que yo no soy digno de soltarle los cordones de sus zapatos; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego". (Lc 3,16)

Ahora bien, el bautismo sacramental lo hemos recibido en la Iglesia Católica generalmente cuando éramos niños. Lo hemos renovado conscientemente cada año en la celebración de la “Vigilia Pascual”.

Pero, lo que pasa es que, no vivimos auténticamente nuestro compromiso bautismal, por ello el llamado “bautismo o efusión del Espíritu Santo” es un acto de fe, una oración, no es otro sacramento. Es simplemente una invocación al Espíritu que realiza una comunidad cristiana, para pedir que el Espíritu Santo se derrame, se libere en el interior de la persona que lo necesita.

Que el Espíritu Santo empape, sumerja, llene con el amor de Dios toda la existencia humana y comience a dirigir la vida del creyente, “…porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5,5) . Solo se puede ser cristiano católico normal, o cristiano verdaderamente comprometido, si uno es guiado por el Santo Espíritu de Dios.

Para poder pedir esta oración de “efusión del Espíritu Santo” es conveniente prepararse mediante un curso de evangelización conocido en ambientes carismáticos y parroquiales como “Seminario del la vida en el Espíritu”.

El grave problema de nuestra Iglesia es que existe un enorme número de miembros que han recibido el Bautismo Sacramental pero no practican su fe, se hace necesario pues que renueven sus promesas bautismales, por eso mediante esta acto de fe y oración, hoy estos cristianos nominales pueden experimentar una autentica renovación espiritual en sus vidas.

"Si, pues, ustedes aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espirítu Santo a los que se lo pidan" (Lc 11,13)